Ya eres Tintablanca

Es cierto. Es algo diferente, algo distinto, un objeto que hasta hoy no había sido inventado. Es un libro. Y un cuaderno. Es una obra literaria. Y una obra pictórica. Es un conjunto de páginas de papel de lujo escritas e ilustradas. Y varias decenas más en blanco, como un vacío o un reto que llenar con nuestras palabras, nuestras ideas, nuestras reflexiones más íntimas, mundanas o trascendentes.

Su peso. Esa es la primera sensación que se siente al tener en sus manos una Tintablanca. ¿Cuánto pesa? Exactamente 460 gramos, casi medio kilo. Y sin embargo es un objeto cómodo, con unas dimensiones muy estudiadas, pensado para llevarlo a cualquier parte, para convertirse en nuestro mejor compañero de viaje, en una permanente incitación a la lectura, al disfrute de la pintura, el dibujo y las ilustraciones, a nuestro deseo de conocer las ciudades que amamos, a las ideas que nos asaltan y sobre las que sentimos una improrrogable urgencia por escribirlas para no olvidarlas jamás.

La segunda sensación es el tacto. Toda Tintablanca está encuadernada en tapa dura, con finas telas de algodón orgánico elaborado en países del norte de Europa, siguiendo procesos artesanales y respetuosos con el medio ambiente. En la tela está estampado el nombre de nuestra ciudad elegida y dentro del cuadrado que simboliza la marca destaca una icónica ilustración.

Por dentro, las sensaciones son aún mayores. El papel arte con el que ha sido impreso el libro es único, extraordinario, distinto a todos. Si lo tocas sientes una sedosidad desconocida, una superficie limpia y pulida donde la tinta negra de la letra parece sobresalir de la página y los colores de las ilustraciones cobran una luminosidad y una viveza únicas. Toda Tintablanca está hecha con un papel de alta gama de la casa Fedrigoni y su extraordinaria calidad lo hace compatible con la impresión y la caligrafía. Escribir en él es una experiencia única. Es la superficie perfecta para cualquier tipo de tinta, de grafito o color. Además, Tintablanca incluye un cuadernillo de dieciséis páginas con un papel de doscientos gramos extra blanco ideal para los bocetos y los dibujos, un papel que incluso con colores al agua como la acuarela comba mucho menos que otras superficies.

Hay una tercera originalidad. Y es la posibilidad de personalizar la portada de tu Tintablanca con adhesivos que reproducen algunas de las ilustraciones del interior o con el lema con el que la marca abre todos sus libros: “La primera palabra es siempre la más difícil”.

Y una última y maravillosa sensación. Toda Tintablanca es un estudiado objeto de lectura y escritura encuadernado con todo cuidado y mimo. Pero lo más sorprendente es que puedes abrirlo sin miedo alguno hasta convertirlo en una superficie plana, perfecta para la caligrafía. Por ello no temas forzar sus cubiertas y abrirlas hasta juntarlas, doblar las tripas de su interior para convertirlas en un objeto que descanse sobre la mesa como un horizonte abierto de ciento ochenta grados.